Vivir y obrar bien es el principio de la ética. Pero la ética no se reduce a decir qué está bien o mal, sino que es un saber para y un saber desde: un conocimiento para el gobierno de las propias acciones, que ayuda a decidir cómo actuar para desarrollarse en plenitud, algo que, desde la antigüedad clásica, se ha llamado “felicidad” (Guillén Parra, 2006 p. 4).

Hablar de ética es hablar de personas, y las personas que toman decisiones en el seno de la organización apoyan cada una de sus decisiones y comportamientos en sus propios principios éticos, que a su vez van configurando la ética corporativa en un círculo que puede ser virtuoso o vicioso. En este sentido es importante poder contar con una herramienta que ayude a definir qué principios éticos son deseables en los directivos y sobre todo de qué forma pueden definirse a efectos de implantación, medición y mejora continua en el contexto organizativo.

La experiencia nos dice que un directivo que ajusta sus comportamientos a planteamientos  éticos acostumbra a conseguir que su equipo de trabajo también esté más comprometido.

El problema de la gestión ética de las empresas, en general, es el de conseguir no solo delimitar qué se entiende por gestión ética, sino también el de medirla y evaluarla. La finalidad de la ética empresarial no puede ser otra que la de mejorar las buenas prácticas empresariales, del mismo modo que la finalidad de la gestión ética de personas tiene que ser necesariamente la mejora de las buenas prácticas de su gestión.

Así pues, sabemos que:

  • La ética es aplicable a las organizaciones.
  • La ética impacta en los comportamientos de las personas que trabajan en las organizaciones.
  • Los jefes éticos tienden a establecer relaciones éticas con las personas de su equipo.
  • Las relaciones éticas favorecen comportamientos éticos en las personas que trabajan en la organización y en los equipos que se forman.
  • Los comportamientos éticos repercuten favorablemente en la consecución de los objetivos corporativos

 

Nuestros indicadores de ética parten de las virtudes aristotélicas de acuerdo con la siguiente lógica:

  • Una virtud se desglosa en varios indicadores;
  • cada indicador cuenta con varios escenarios;
  • cada escenario tiene cuatro posibilidades diferentes de valoración.

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Este planteamiento ha sido contrastado con el parecer de un numeroso grupo de Directores de Recursos Humanos, está avalado por un premio extraordinario de la Universidad y a la espera de ser publicado en la revista europea Business Ethics.

Nuestro sistema de indicadores de Ética permite la autoevaluación y la heteroevaluación de las personas que ocupan puestos de responsabilidad en la organización, de forma tal que es aplicable tanto en situaciones concretas como en estudios longitudinales y transversales en toda la organización.

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