Algoritmos y emociones

Ecosistema Interno 8 117

A propósito del  futuro próximo y de los debates sobre la posibilidad de que las máquinas dejen sin trabajo a las personas, te propongo reflexionar acerca de esta frase:

“El dilema más importante en la economía del siglo XXI bien pudiera ser qué hacer con toda la gente superflua. ¿Qué harán los humanos conscientes cuando tengamos algoritmos no conscientes y muy inteligentes capaces de hacer casi todo mejor?”

Esta reflexión de Harari en Homo Deus se apoya en numerosos ejemplos de la vida real para argumentar sus aseveraciones, entre los cuales destaco uno relacionado con la música y que transcribo seguidamente:

David Cope es profesor de musicología en la Universidad de California en Santa Cruz. . Cope ha elaborado programas que componen conciertos, corales, sinfonías y óperas. Su primera creación se llamaba EMI (Experimentos en Inteligencia Musical), especializada en imitar el estilo de Johann Sebastian Bach. Le llevó siete años crear el programa, pero cuando el trabajo estuvo hecho, Emi compuso 5.000 corales al estilo de Bach en un solo día. Cope organizó una exhibición de algunas corales seleccionadas en un festival de música en Santa Cruz. Miembros entusiastas del público alabaron el maravilloso concierto y afirmaron apasionadamente que la música les había llegado a lo más hondo. No sabían que la había compuesto EMI y no Bach, y cuando se reveló la verdad, algunos reaccionaron con un silencio taciturno, mientras que otros gritaron airados.

EMI continuó mejorando y aprendió a imitar a Beethoven, Chopin, Rajmáninov y Stravinski. Cope consiguió un contrato para EMI, y su primer álbum (Classical Music Composed by Computer) se vendió sorprendentemente bien.

Los críticos han seguido diciendo que la música de EMI es excelente desde el punto de vista técnico, pero que le falta algo.  Es demasidado precisa.  No tiene profundidad. No tiene alma.  Pero cuando la gente oye sus composiciones sin que se la informe de su procedencia, suelen alabarla precisamente por su ternura y su resonancia emocional.

Interesante fenómeno de percepción personal.  Ya nos decía Jiddu Krishnamurti que no vemos las cosas como son, sino como somos.  Aristóteles pensaba que la percepción se basa en una serie de sensaciones desordenadas que la persona ordena posteriormente.  Wilhelm Dithley,  obviamente más avanzado, nos explica que, en todos los procesos psíquicos, la aprensión de la totalidad precede a la comprensión del objeto o concepto;  es decir, primero captamos y luego comprendemos.

Farlex va más allá y define la percepción como el conjunto de procesos mentales mediante el cual una persona selecciona, organiza e interpreta la información proveniente de estímulos, pensamientos y sentimientos, a partir de su experiencia previa, de manera lógica o significativa.

Creo que esa es la clave por la cual podemos esperar que los robots no nos desplacen definitivamente del mundo del trabajo:  al menos por el momento, parece imposible que los bots hagan  esa mezcla mágica:  “estímulos” y “pensamientos” se pueden conseguir, pero “sentimientos” parece harto improbable.  Y si en una fórmula de tres ingredientes se retira uno de ellos, la fórmula no funciona.  El sentimiento es una predisposición emocional hacia algo o alguien, y hasta donde sabemos los robots están muuuuy lejos de sentir emociones (característica propia de los animales).

De modo que podríamos pensar que las personas tenemos un gran campo de acción sin temor a la competencia de los algoritmos. De hecho,  grandes  consultoras del mundo laboral  auguran magníficas posibilidades para las ocupaciones directamente relacionadas con la inteligencia creativa, es decir, la búsqueda de ideas originales, y los relacionados con la inteligencia social, como comprender las reacciones de los demás.

De modo que el reto que tienen las organizaciones responsables es cómo diseñar objetivos y actividades incluyendo estas capacidades típicamente humanas de forma que potencien los resultados que pueden conseguir los algoritmos.  Se trata de sumar, no de restar.  Como dice nuestro amigo Harari,  el problema crucial no es crear nuevos empleos. El problema crucial es crear nuevos empleos en los que los humanos rindan mejor que los algoritmos.

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Edita Olaizola

8 Comments

  1. Luis Capella November 8, 2018 at 7:57 am -  Reply

    Magnifico articulo, Edita. Sobre la ultima frase “El problema crucial es crear nuevos empleos en los que los humanos rindan mejor que los algoritmos.” añadiría que “otro” problema es DEJAR rendir, trabajar, a colectivos que se excluyen por criterios tan poco humanos, como pasar la frontera de una edad, hoy los 45 años, mañana ¿los 30? Esperemos que no

    • Edita Olaizola November 8, 2018 at 8:21 am -  Reply

      No puedo estar más de acuerdo, Luis. Muchas gracias por tu atención 🙂

  2. Mercè Espinosa November 8, 2018 at 8:00 am -  Reply

    Como siempre espléndido articulo!!!Me gusta leerte

    • Edita Olaizola November 8, 2018 at 8:20 am -  Reply

      Muchísimas gracias, Mercè, eres muy gentil 🙂

  3. Rafa November 8, 2018 at 4:55 pm -  Reply

    Sugerente y reflexivo. Muy atinado.

    • Edita Olaizola November 8, 2018 at 7:26 pm -  Reply

      Agradezco mucho tu comentario, Rafa, sabes que aprecio tu opinión. Abrazote 🙂

  4. Olga Campoy November 12, 2018 at 7:35 pm -  Reply

    Muy interesante Edita! Me quedo con una idea positiva: “grandes consultoras del mundo laboral auguran magníficas posibilidades para las ocupaciones directamente relacionadas con la inteligencia creativa”; y con un reto: “el problema crucial no es crear nuevos empleos. El problema crucial es crear nuevos empleos en los que los humanos rindan mejor que los algoritmos.” Gracias por compartir!

    • Edita Olaizola November 12, 2018 at 7:37 pm -  Reply

      Muchas gracias por tu tiempo y tu atención, Olga 😉

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