¿Atletas o artesanos?

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citius 2Confieso que estoy harto de llevar una vida CAF. Levantarte pensando en la agenda del día. Mirar la hora en el móvil en lugar de en el reloj, no porque sea más cómodo sino porque resulta más preciso. Desarrollar habilidades extrasensoriales que te permiten bajar las escaleras leyendo correos. Saber por experiencia que en un semáforo se puede responder un whatsapp.

Yo no sé si la cosa, esto de llevar vidas CAF, viene de más antiguo o debemos el “dudoso honor” al amigo Coubertin, cuando pronunció estas palabras en la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1896 en Atenas, que después tomó como lema Munich en el 76: “Citius, Altius, Fortius” … pero el caso es que, sea de antes o desde entonces, me siento empujado a vivir una vida de atleta, una vida CAF, siempre más rápido, más alto, más fuerte.

Y el caso es que no acabo de verle el sentido a la cosa. Toda esa sabiduría popular que sentencia que “es mejor la calidad que la cantidad”, ¿dónde se nos ha quedado?. Ya lo decía Carl Honore en su libro “Elogio de la lentitud”: la lentitud es la nueva rapidez. Porque, a ver si nos aclaramos, correr más rápido, saltar más alto, o levantar más peso … ¿es intrínsecamente bueno?. ¿Más rápido es mejor?. No hace tanto, glorificábamos la toma de decisiones rápidas.

“Ese tío es muy buen ejecutivo, es rápido tomando decisiones”. Y un cuerno, ese tío es probable que sea un imbécil y un imprudente. A ver, ¿qué hace falta para tomar decisiones?. Centrar el problema a resolver, ¡pero centrarlo bien centrado! Y reunir la información que cumpla tres características: relevante, cierta y suficiente. Si falta alguna de éstas tres, ya no vale, no es información, sovamos-lento-frases-para-el-facen datos. ¿Se puede ser muuuuuuuuuy eficaz tomando decisiones y siendo, a la vez, muuuuuy rápido en centrar el problema bien centrado, en reunir la información relevante, cierta y suficiente?

Lo dudo. En la inmensa mayoría de las ocasiones que yo he vivido en 25 años de experiencia ejecutiva en entornos empresariales de alta exigencia esto se ha dado en contadas ocasiones. De hecho, he presenciado en numerosas ocasiones, incluso en Comités de Dirección de mucho peso, lo que llamo “decisiones por espasmos”. Aquello que sucede cuando una cuestión se pone sobre la mesa una y otra vez, y siempre se deja para otra ocasión porque en esa no se cuenta con la información necesaria para abordarla … hasta que se pone una vez más y alguien que manda dice eso de “de hoy no pasa, tenemos que tomar una decisión sobre esto”. Y, claro, se toma. Y, claro, se mete la pata.

Por no hablar del consenso, ya no digo en la organización, sino al menos a nivel directivo. La rapidez y el consenso suelen ser malos amigos. De hecho, la dinámica CAF será buena para los atletas, pero no hace buenas migas con la ética, con el consenso, con la calidad de vida, con la estrategia, ni con la generación de valor sostenido a largo plazo, y mucho menos con la sostenibilidad.

citius 1Porque lo que ha dejado el medio ambiente y la desigualdad social hechos unos zorros es esta manía nuestra ególatra de ir más rápido, de ir más lejos, y de llevar la mochila más cargada de cosas. Un alemán medio compra al año una media de 250 piezas de ropa (no sé si los calcetines los han contado como 2, lo siento, el investigador que hizo el estudio salió corriendo antes de que le pudiera preguntar). Un españolito medio, aún en tiempos de crisis, tira de media 8 kilos de ropa al año, y consume otros tantos (a nosotros los del estudio no nos han preguntado por piezas de ropa, se ve que somos más brutos y han ido a preguntar a peso, por kilos). Claro, luego el medio ambiente está como está: medio en vez de entero. Y no digamos la responsabilidad social en las fábricas de ropa (y en las demás, y en lo que no son fábricas, pa qué engañarnos).

Eso si, luego a todos nos gusta “lo gourmet”, o admirar esas obras de arte en madera, o cerámica, o en lo que sea que hacen esos admirables artesanos, y estamos de acuerdo en pagar mucho más por ello “porque tiene una elevada calidad”. Aquí es donde Ramón, mi amigo aficionado a los coches, me sopla: “no, hombre, te equivocas, mira los coches de altísima calidad y gama que se producen en serie”. Pues no estoy de acuerdo, Ramón, querido. Los coches de más lujo, los más caros, los de más calidad y precio (digo yo, eso he oído, que yo de coches no entiendo mucho, pero de escuchar entiendo bastante) son los que te personalizan, te llevan a la fábrica a que hables con el artesano que te hará la tapicería a tu gusto, y con el que te ayuda a escoger la madera de raiz de rosal con la que decorará tu salpicadero. Y lo pagas por adelantado y sin rechistar, y viajas a elegir todas estas cosas con los artesanos y los ingenieros (que en este caso son artesanos, pero con más bolígrafos en el bolsillo de la bata), y te esperas 6 meses a que te lo entreguen. Por más que pagues, por más que mandes, te esperas, como un pepe, te esperas y tú encantado, ¡oye!

Así que, ¿dónde está la calidad, lo correcto? ¿En el estilo atleta o en el estilo artesano?. A ver, por favor, que alguien que sepa latín me diga qué terminación hay que ponerle a “citius, altius, fortius” para que pase a querer decir “menos rápido, menos alto, menos fuerte”.

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