Dinero, Pasión y Propósito en los emprendedores actuales

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emprender 1He pasado parte de éste fin de semana impartiendo mi clase de gestión empresarial sostenible en el Master de Emprendedores, y ha sido de nuevo una experiencia estimulante y esperanzadora, de la que extraigo algunas conclusiones que quiero compartir contigo. Conclusiones que no son anecdóticas sino de peso.

Doy con frecuencia clases y conferencias ante emprendedores y hay un patrón que se repite: personas con frecuencia experimentadas en el mundo de las organizaciones, con elevado bagaje formativo, que acarician la idea de poner en marcha su propio proyecto. Por supuesto que hay jóvenes recién salidos de las aulas universitarias y personas que han fracasado en anteriores empresas y que quieren emprender de nuevo desde un mejor conocimiento acerca de cómo hacerlo. Pero diría que el perfil más frecuente que me encuentro es este, el de personas que llevan tiempo trabajando, incluso desde niveles de cierta responsabilidad, y que tienen sobre la mesa su propio emprendimiento como el siguiente paso.

Pienso que no es la crisis lo que empuja a la mayoría de ellos a dar ese paso, y lo creo después de tener cerca de más de un centenar de conversaciones con personas así. Quizá en algún caso un entorno de mercado especialmente difícil pueda tener cierta influencia en ello, pero hablo de profesionales en activo y con empleos reales en empresas que están saliendo adelante, no de gente en paro que vea emprender como una salida de emergencia.

¿Qué observo que hay detrás cada vez más de las decisiones de empleados muy cualificados, con empleos estables, que se plantean seriamente dejarlo todo para emprender aún ante un panorama tan retador como la situación económica reciente plantea? Déjame que te cuente una pequeña experiencia con la que suelo comenzar, y empezaremos a entrever respuestas: pido a las personas presentes en la sala que se pongan en un lado del aula aquellas que emprenden teniendo copasion 1mo objetivo principal, aunque no sea el único pero si el de mayor peso, el ganar una buena cantidad de dinero. Después pido que se coloquen en otro lado de la sala aquellos que emprenden por llevar adelante un proyecto muy relacionado con su pasión. Por último, pido al resto que se pongan en otro lado de la sala quienes emprendan como motivo principal por hacer algo por un mundo mejor, por tener un impacto positivo en la sociedad.

Les pido que, si lo desean, cambien de lado si descubren que su prioridad es otra que la inicialmente escogida, e insisto en que ninguna opción es acertada o incorrecta, la mejor o la peor, y que las cosas no son nunca blancas o negras sino que suelen ser de tonalidades de grises (y cambiantes, según apuntó acertadamente una alumna).

Dinero, Pasión y Sociedad, tres vértices de un triángulo de equilibrio inestable. Lo cierto es que los que eligen la primera motivación suelen ser el grupo minoritario, representando habitualmente alrededor del 15% del total. A veces el segundo grupo se acerca a la mitad del resto pero lo habitual es que represente en los entornos del 30% del total, mientras que el grupo de los que eligen tener un impacto positivo en la sociedad como su motivo número uno para emprender suele estar alrededor del 50%. Es así de contundente.

Quizá estés pensando en que algunas personas no muestran sus verdaderas prioridades, por pensar que está mal visto hacer las cosas principalmente por dinero, y se sitúan en alguna de las otras dos opciones para aparentar, y estoy de acuerdo en que seguramente es así. Pero eso no me importa, y de hecho incluso me lleva a una conclusión: entre los nuevos emprendedores hay la opinión extendida de que poner en marcha un proyecto motivado especialmente por forrarse queda feo, y que poner antes que esa prioridad el bien social o la pasión es algo bueno.

64YupHandbookYo, que vengo de la época de emprender y dirigir de los “yuppies”, cuyo motivo principal no solamente era mandar y hacerse ricos sino que hacían gala de ello, veo esto como un cambio significativo. Y me da un poco igual si muestran motivación real o quieren aparentarlo, porque en cualquiera de ambos casos la corriente es la misma y la diferencia está solamente en hasta qué punto ha llevado a la persona, si hasta el de emprender por ello o a uno previo marcado por la apariencia.

Conforme avanza el curso suelo ver como esta incógnita se suele ir despejando bastante hasta situarse en un punto central que se repite una y otra vez y que es general: un consenso absoluto acerca de que, emprendas por lo que emprendas, el bien social es una línea roja que ni los más ambiciosos a nivel económico desean traspasar. No solamente eso sino que de inmediato surge la cuestión de fondo que verdaderamente me importa debatir y dilucidar: ¿hay que elegir o, por el contrario, es posible emprender por un mix compatible e, incluso, sinérgico de las tres razones o, al menos, de dos de ellas? ¿es posible emprender un proyecto en el que volcar nuestra pasión, que sea respetuoso socialmente y hasta que impacte de forma positiva en el mundo, y cuya sostenibilidad económica sea sólida?.

Cuando pongo sobre la mesa la cuestión, tras haberles hecho elegir de una forma, lo confieso, un poco tramposa, el sentir general es: “así es justo como quiero que sea mi proyecto”.

Estamos hablando de que no hace tanto emprender estaba enfocado a forrarse, aún a costa de hacerlo en algo que no enlazara para nada con tus pasiones, y pasando si fuera necesario por encima de lo que hiciera falta: medio ambiente, justicia social, intereses legítimos de otras personas, o sufrimiento ajeno. Ganar era el mantra y el dinero el aceite que hacía funcionar la maquinaria.

Algo está claramente cambiando, al menos en los muchos círculos de emprendimiento y, por qué no añadirlos, de liderazgo y gestión empresarial, en los que soy invitado como ponente o formador. La mayoría de los emprendedores quieren ganar dinero, ¡por supuesto!. Y más vale que sea así porque todos queremos que nuestras empresas del futuro sean financieramente sostenibles , pero ya no es a costa de todo, ya no es pasando por encima de uno mismo ni de los demás. Triste es tener que decir que “ya no”, porque eso presupone que así era antes, y hasta que lo sigue siendo, pero no hay más que ver las portadas de los medios de comunicación día sí y día también para ver que la realidad reciente es la que es. Mi convicción, que se apoya en muchas cosas y en estos emprendedores es una de ellas, es que la situación va camino de un cambio irreversible.

Cuando en clase les preguntas por qué creen que esto es así, que el mundo emprendedor que viene es mucho más socialmente sostenible y positivo, y aún antes de comenzar a desgranar tendencias, razones, estudios, datos y declaraciones que lo diseccionan y demuestran, las respuestas son certeras y basadas en su observación: porque los consumidores están cambiando de hábitos, porque la legislación empuja progresivamente a arrinconar determinadas prácticas, y porque las personas ya no aguantan más trabajando en empresas cuyos set de valores no comparten y, en muchos casos, odian.

¿Por qué se va una persona con talento, en medio de una crisis, de un trabajo estable y no mal pagado?. Porque algo le apasiona fuera y/o algo le repele dentro. Así de contundente y claro.emprender social

¿No están las empresas ofreciendo oportunidades de ejercer trabajos que apasionen a sus mejores talentos? ¿les están forzando a trabajar en entornos que astillan los valores personales? ¿piensa el talento experimentado que los consumidores tienden a futuro a pedir cosas que sus empresas no están ofreciendo, o hasta carecen la sensibilidad necesaria para plantearse ofrecerlo?. Si las respuestas fueran contrarias a lo que pienso, los profesionales valiosos que yo me encuentro se quedarían, contentos, y serían intra-emprendedores que impulsarían la innovación, la productividad y la competitividad de sus empresas.

Por supuesto que hay muchos que se quedan, pero me sorprende cada vez más el gran porcentaje de emprendedores que se lanzan a la piscina porque quizá el Dinero si lo encuentren en sus empleos actuales y futuros, pero ni la Pasión ni el Propósito estén allí. Y eso debería de ser un motivo de reflexión para los gestores empresariales. Es vox populi en círculos de dirección de recursos humanos que la crisis ha retrotraído a muchas empresas a la pasada era en que las personas eran más vistas como costes que como potenciales generadores de valor. Los emprendedores de hoy les están diciendo en muchos casos que perder talento no solamente es caro sino que puede ser un síntoma de un fallo estructural en el modelo competitivo.

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