Quemando empleados

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En el mundo de los mal denominados RRHH se recurre frecuentemente al despido fulminante por múltiples causas.

Por lo general, cuando en una organización se decide un despido fulminante es porque se piensa en una sustitución, conseguir una nueva energía, renovar la energía que favorezca la consolidación y el crecimiento de la empresa.(Puede que exista algún caso de despido fulminante para amortizar la plaza, pero yo no conozco ninguno).

En la naturaleza, el fuego y la incineración son más la excepción que la regla. Ni siquiera un contenido de madera seca del 50% se despacha quemándolo.

La humanidad recurre fácilmente a la quema de todo lo que considera como un desecho. Es una política dominante en la agricultura, la industria y la eliminación de basuras y residuos. Cuando no sabemos qué hacer con algo, lo quemamos. (Leído en Energías Renovables no convencionales).

Quemamos también para producir electricidad. En cambio, la naturaleza utiliza 6 fuentes principales de electricidad: calor, luz, fricción, presión, magnetismo y bioquímica. Y todas estas fuentes son mucho más eficientes que las que utilizamos la humanidad.

Asocio un despido fulminante con el fuego para deshacernos de algo no deseado porque, en líneas generales, la persona despedida se siente como el árbol en el incendio: rodeada de un ambiente asfixiante, demoledor y sin posibilidad de liberarse de él. En poco tiempo desaparecen, y además de forma traumática, todos sus esfuerzos, aportaciones y expectativas de una parte muy importante de su vida. Al modo de un brote verde, queda por delante un largo y penoso proceso de resurrección a partir de lo que se pueda salvar de la quema, si se consigue salvar algo.

El resto del bosque – digo, de la empresa – también queda tocado: dedica gran parte de sus recursos a rehacerse, reequilibrar las fuerzas, reposicionar a cada uno de los miembros, asumir la nueva realidad, protegerse de futuros incendios…

La naturaleza utiliza otros medios para conseguir electricidad (energía), y la empresa también podría conseguir que las personas vinculadas a ella aportaran la energía adecuada para conseguir los objetivos consensuados:

Calor: una empresa puede ser tan buena como la naturaleza brindando calor: ofreciendo a las personas atención, confianza y respeto es muy probable que mejoren los resultados.

Luz: La luz favorece la fotosíntesis y numerosas reacciones tendentes a iniciar / consolidar la vida. Una empresa puede aportar luz a sus empleados mediante una buena política de comunicación tanto formal como informal, asegurándose de que todo el mundo comprende hacia dónde se va, con qué recursos se cuenta para ello y qué tipo de contribuciones individuales se han pactado.

Fricción: A priori puede parecer indeseable, pero en ocasiones es buenísimo generar una situación de conflicto para que surjan agendas secretas, comportamientos mejorables, expectativas desajustadas o cualquier otra índole de retardadores que estén dificultando las buenas relaciones y la consecución de objetivos.

Presión: Fijar plazos de entrega ajustados (ajustados, no imposibles, y contando con los recursos precisos para conseguirlos) es una buena vía para lograr que las personas se sientan activas, útiles y apreciadas.

Magnetismo: si la empresa se cuida de que todos los directivos sean capaces de ejercer un liderazgo inspirador, las personas de sus equipos se sentirán atraídas hacia ese estilo de hacer y, por lo tanto, será más fácil que se consigan los objetivos.

Bioquímica: en la naturaleza, algo tan familiar como el metabolismo nos permite seguir vivos. Conocer los procesos inherentes al metabolismo facilita conservar la salud y alargar la vida. En la empresa, estimular que los líderes sean biomiméticos puede ayudar a que los empleados transiten por la vía de la mejora continua, cooperando así para el éxito corporativo.

Quizás estaría bien que las organizaciones aplicaran esta receta natural (aunque de momento no tenga etiqueta ecológica) antes de proceder a un despido fulminante.

¿Por qué no probar antes de provocar un incendio de consecuencias devastadoras? La naturaleza consigue la energía necesaria sin tener que recurrir al fuego. Y se supone que nosotros somos la “parte inteligente” de la naturaleza…

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Edita Olaizola

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