Solo el WIN-3 hará de la nueva Economía Colaborativa un éxito Ético y Sostenible.

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Sharing economy collaborative

La era de la Economía Circular y Colaborativa  – o la era de la Revolución de las Plataformas, como la denominan otros –  lejos de representar un futuro ideal, ético y sostenible presenta no pocas contradicciones y controversias.

La Comisión Europea iniciaba hace días el programa Innovation Deals para ayudar a los innovadores con soluciones a las cuestiones ambientales y llevar sus ideas al mercado. Incluso la Comisión Nacional de la Competencia o el Tribunal Superior de Justicia ven con buenos ojos estos movimientos que fomentan la competencia y se sienten más próximos a la regulación que a la prohibición.

Por el contrario, diversos grupos de interés, como sindicatos, gremios de taxistas o de hostelería, así como diversas administraciones públicas, plantean sus dudas y recelos ante estas actividades.

No podemos ante estas expectativas quedarnos sin tomar una decisión, pues moriremos como el asno de Buridan que, incapaz de determinar si tenía más hambre que sed no supo elegir entre un cubo lleno de heno y otro de agua y murió de hambre y sed al lado de ambos.

Es cierto que el antiguo status quo se ha acabado, pero también la evolución de la sociedad nos marca una tendencia contraria a la prohibición y que, por tanto, tarde o temprano será necesaria una regulación, al menos de algunos de sus aspectos.

Para poder afrontar esta regulación es preciso analizar antes qué hay detrás de este complejo mundo de Economía Circular y Colaborativa, Sharing Economy o On Demand Economy, ya que no todo es lo mismo ni genera los mismos efectos colaterales indeseables.

economiacolaborativa

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A este efecto conviene determinar algunos de los aspectos de los modelos de negocio, y en concreto os propongo analizar en este post dos de ellos. Por un lado, si se trata de arrendar bienes infrautilizados o por el contrario son ofertas de servicios profesionales, y por otro lado, si se trata de un proceso de oferta ocasional o constante. Veamos las controversias o problemas que están ligadas a estos planteamientos.

Uno de los aspectos más evidentes es que la economía colaborativa tiene como denominador común recurrir de manera masiva al trabajo no remunerado gracias a la utilización de la tecnología. Con lo que muchos modelos han pasado del compartir con la comunidad un producto ocioso (seguro que os han explicado y habéis leído un montón de veces el manido ejemplo del taladro que usas muy pocas veces al año o en la vida, etc. etc.) a la oferta más o menos continuada de servicios a cambio de dinero.

En estos paradigmas de oferta continuada de servicios profesionales desde el domicilio etc., el trabajo se adapta al modelo de vida y no al revés y las líneas que separan las esferas particulares y profesionales, o el tiempo libre y el tiempo de trabajo, se difuminan y confunden.

Los aspectos de seguridad laboral pasan a un segundo plano o sencillamente se olvidan. Así como

uber

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los aspectos de protección de los trabajadores ante unas plataformas tecnológicas que son las que les dictan precios y normas, como cumplimiento de horarios o uso de determinadas herramientas, etc.

Es decir, se da la paradoja de que les tratan como si fueran empleados, pero sin tener esos derechos duramente luchados por los trabajadores a lo largo de años de lucha sindical. Por no hablar de los supervisores o cargos intermedios, que serán del todo innecesarios en cuanto la tecnología permita confiar plenamente en las evaluaciones de los trabajadores directos finales por parte de los propios clientes.

economia-colaborativa-articulo

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Otro de los aspectos es que la realidad de muchas prestaciones de servicios de compartición con la comunidad de un recurso ocioso, pasan de ser un planteamiento de un estilo de vida que genera unos ahorros (compartir piso, coche, etc.) a un modelo economicista mucho más sofisticado y profesional. De esta forma, muchas veces la prestación de servicios turísticos responde menos a los principios de la economía colaborativa y está convirtiéndose en una actividad profesional permanente y lucrativa. Es conocido que hay quien ha podido aprovechar la compra pre-burbuja de inmuebles y ha podido dejar su profesión y dedicarse a gestionar esos alquileres desde AirBnB, viviendo 6 meses de vacaciones en alguna de sus casas y 6 meses de vacaciones en el extranjero en algún resort turístico asiático, pues los rendimientos de estas casas le dan para poder tener ese régimen de vida.

airbnb

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Son evidentemente espinosos los aspectos de corresponsabilidad fiscal y de economía sumergida que, aprovechándose de la falta de regulación y control, magnifican los beneficios de unos pocos.

Otro de los efectos desagradables está siendo que los vecinos de barrios tradicionales son expulsados debido a la presión de un turismo que, sin regulación y gracias a este sistema viral, crece de una forma desmesurada. El grado del problema se agranda cuando encima se da en un entorno cerrado o, dicho en términos matemáticos, cuando se introduce una limitación en el sistema.

Pensemos en la isla de Ibiza, como me explicaba mi buen amigo Ángel Mestres hace unos días. En ella se da conjuntamente una demanda infinita y una limitada oferta por razón de la realidad física de la

ibiza

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insularidad. Esto conlleva, en términos economicistas, a que se trate de un mercado en que el precio se vaya elevando de forma exponencial. Dicen que hay quien este verano estaba dispuesto a alquilar un balcón y lo que es peor, que había quien estaba dispuesto a alquilarlo.

Ante este efecto de incremento de precios se genera una nueva bolsa de excluidos: médicos, profesores, bomberos, etc., asalariados con unos ingresos mensuales razonables pero que resultan insuficientes para competir con unos alquileres de unas viviendas de quienes prefieren alquilar durante pocos meses sus casas a precios desorbitados a alquilarlos todo el año a un precio razonable porque eso las hace tremendamente más rentables.

La extrapolación de esta situación es una isla con el record de turistas y de paisanos riquísimos gestionando a distancia sus alquileres, pero en la que no habrá nadie para atenderte cuando estás enfermo o para sofocar un incendio. No es de extrañar pues, que el Hospital de la isla se haya planteado reconvertir una planta no utilizada en apartamentos para sus propios médicos y poder así seguir cumpliendo con su cometido de salvar vidas.

Todas estas situaciones que generan estos comportamientos colaterales indeseados e indeseables tienen, a mi entender, un rasgo común y es que en ellos el modelo de negocio se ha quedado en un win-win.

Durante años se ha explicado que la fórmula de ganar-ganar (win-win) era la más deseable para hacer negocios y clave del éxito de los mismos. Pero como comentaba el otro día en una comida Ferran Caudet co-creador y director de la Economía Humana, quizás esto no sea condición necesaria y

puentes

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suficiente para un éxito ético y sostenible. Es más, en la corrupción, que se está convirtiendo en uno de los más dolorosos males de nuestra historia reciente, se da un fantástico win-win entre un industrial corruptor y un político corrupto, pero somos todos, la comunidad, los que salimos perdiendo.

Es necesario que en estos modelos de Economía Circular y Colaborativa se diseñen bajo el prisma de un win-win-win y que solo el que ganemos todos sea una de las garantías de que realmente representan soluciones estables y sostenibles para el futuro.

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Xema Gil

2 Comments

    • Xema Gil September 22, 2016 at 9:34 am -  Reply

      Gracias por vuestra difusión 😉

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