Un buen líder es como el aerografito

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A estas alturas todos hemos oído hablar del aerografito, el nuevo material descubierto en Alemania y hasta hace poco tiempo el más ligero del mundo: el aerografito.

Me han llamado mucho la atención dos cosas:

1. El proceso seguido para su obtención: a partir de una plantilla de ZnO, se van aplicando diversas elementos (calor, gas argón, vapores de tolueno, gas hidrógeno…) hasta conseguir el nuevo material, momento en el que se elimina la estructura inicial de zinc y queda tan solo la cobertura.

2. El resultado: el aerografito es tan ligero que puede colocarse encima de un diente de león sin alterar apenas su forma, amén de presentar un grado de elasticidad desconocido hasta ahora y ser extraordinariamente robusto.

Ya sabéis que las personas vemos el mundo con las gafas que habitualmente llevamos puestas, así que yo he visto en este avance un paralelismo perfecto entre la fabricación del aerografito y la “fabricación” de un buen profesional.

SOCRATESSócrates pensaba que conviene revisar los conocimientos que se tienen y a partir de ahí continuar elaborando nuevos y más sólidos.

Comenzó así su famoso método, que con todas las variaciones que queráis ha sido y es seguido por múltiples profesores, mentores, tutores, coaches, jefes y cuantas personas están de una forma u otra encargadas de acompañar a otra persona en su proceso de profesionalización y mejora.

Y precisamente ése es el paralelismo con el aerografito: partimos de algo sólido que el “alumno” en sentido socrático ya tiene (por ejemplo, sus conocimientos y experiencias en múltiples ámbitos) y vamos añadiendo diferentes elementos que ayuden a adecuar, consolidar y expandir su bagaje.

  • El calor puede ser calor, efectivamente, en su sentido emocional: atención, respeto, cariño…
  • El argón puede ser algo etéreo y “noble” que hemos preparado previamente, algo aparentemente neutro que ayude al “alumno” : una pregunta determinada, una situación prediseñada, una visita a un lugar especial, una reunión informal…
  • El tolueno puede representar el disolvente que pongamos en la relación: nuestra capacidad para ayudar al “alumno” a minimizar sus resistencias y que pueda seguir avanzando;
  • El hidrógeno puede formar compuestos otros muchos elementos: en nuestro caso, podría ser nuestro trabajo para que pueda ir abriendo progresivamente su campo de visión, su curiosidad, su inteligencia, sus redes…

Una adecuada mezcla de todos estos ingredientes (y digo adecuada no sólo en cantidad, sino en los tempos) ayudará a que el “alumno” vaya consolidando su capa por encima de nuestras aportaciones, de forma tal que una vez conseguido el tamaño mínimo sea capaz de seguir creciendo sin el soporte interno que le hemos brindado.

Et voilà: aquí tenemos un precioso ejemplo de aerografito ligero, elástico y robusto, un gran profesional… que además puede seguir perfeccionándose a lo largo de toda su vida. El seguidor de Sócrates ha conseguido dejar la adecuada huella líquida. ¡Buen trabajo!

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Edita Olaizola

2 Comments

  1. Iñaki June 20, 2015 at 11:36 am -  Reply

    Gracias por la aportación Edita.
    Partir de un hecho físico y químico desarrollarlo desde el punto de vista de un “intangible” (aunque sus resultados si sean tangibles) es un interesante planteamiento pedagógico.
    Abrazo y buen sábado

    • Edita Olaizola July 12, 2015 at 4:12 pm -  Reply

      Muchas gracias por tu apreciación, Iñaki, y sobre todo por tomarte el trabajo de leer periódicamente mis artículos, te estoy muy reconocida 🙂

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